¿Debería un cachorro quedarse en una guardería canina?
Es relativamente frecuente, aunque no en exceso, que me llamen para alojar a un cachorro en la guardería. A veces me contactan familias con cachorros de 3, 4, 5 o 6 meses que necesitan dejarlos durante unos días, una semana o incluso más tiempo.
Y aquí hay algo que siempre me gusta explicar: Aunque tenga una guardería canina, como educador canino desaconsejo totalmente el alojamiento de cachorros en guarderías, al menos durante sus primeras etapas de vida. Y no es porque considere que las guarderías sean malas. Todo lo contrario. Pero creo que debemos entender qué necesita realmente un cachorro.
Un cachorro acaba de perder muchas cosas
Un cachorro es un ser altamente dependiente que todavía necesita de su madre y de sus hermanos para su correcto desarrollo y para aprender a desenvolverse en el mundo. Cuando lo separamos de ellos, alrededor de los dos meses, su mundo cambia drásticamente. Sufre una gran pérdida y su vida da un vuelco. En condiciones naturales, esa separación no se produciría a una edad tan temprana. El cachorro continuaría respaldado por su madre y por sus hermanos durante más tiempo.
Y entonces aparecemos nosotros.
La persona que adopta al cachorro pasa a convertirse en su nueva referencia y, en ausencia de su madre y hermanos, debemos procurar la compañía y el contacto adecuados para que pueda continuar desarrollándose correctamente. Por eso, si a los 2, 3, 4 o 5 meses dejamos al cachorro durante una semana o diez días en una guardería, estamos provocando una segunda ruptura de separación de sus nuevos referentes.
Lo que más necesita un cachorro es estabilidad
Durante esta etapa debemos procurar estabilidad y ofrecerle poco a poco experiencias adecuadas a su edad y a sus necesidades. Y teniendo siempre muy presentes sus grandes incapacidades en estas edades. El objetivo debería ser que pueda desarrollarse correctamente para tratar de tener, en el futuro, un adulto lo más sano y equilibrado posible. Una estancia en una guardería supone una pequeña ruptura y un pequeño choque de estrés para un perro que todavía no sabe qué está ocurriendo. Es una separación de sus nuevos referentes.
Pero además comienza a convivir en un ambiente de adultos en una edad para la que, en muchos casos, todavía no está preparado. Las prioridades de un cachorro deberían ser la progresividad y conocer las cosas poco a poco. Y si tuviera que poner una necesidad en el número uno de la lista, probablemente sería: DESCANSO Y CALMA
En una guardería canina, la convivencia con otros perros adultos puede generar en un cachorro inmaduro un cierto estado de agitación, menos descanso y un mayor nivel de preocupación. Los cachorros no están preparados para asumir determinados niveles de exigencia.
¿Y qué pasa con nuestras vacaciones?
Sé perfectamente que todos tenemos nuestras vidas, nuestros planes y nuestras circunstancias. Y también sé que existen obligaciones y compromisos que, en ocasiones, son totalmente ineludibles. Pero cuando introducimos un cachorro en nuestras vidas deberíamos tener presente que estamos incorporando a nuestra familia a un ser dependiente de nosotros. No sería recomendable desaparecer durante 15 días.
Esto nos resulta mucho más fácil de entender cuando hablamos de bebés humanos. Cuando una mamá y un papá tienen un bebé, pasan muchos meses —y yo diría que varios años— hasta que se separan de él durante períodos prolongados. Proporcionamos compañía a nuestro bebé. Nuestro instinto maternal o paternal nos pide estar cerca de él casi todo el tiempo. Modificamos nuestras vacaciones, nuestros planes y nuestras circunstancias de vida.
Pero cuando tenemos un perro, en ocasiones intentamos no modificar nada y acabamos sacrificando su bienestar.

Entonces, ¿nunca puede quedarse un cachorro en una guardería?
No hay reglas absolutas. Puede haber determinadas circunstancias, especialmente en temporada baja, en las que el alojamiento de un cachorro pueda ser más viable. Cuando hay menos perros, la convivencia puede ser mucho más tranquila y, además, puede existir la posibilidad de disponer de espacios o habitaciones donde proporcionar al cachorro descanso independiente e individual cuando lo necesite.
También hay que tener en cuenta que no todas las guarderías funcionan igual. En las guarderías que no son de convivencia y utilizan jaulas, el hándicap para el cachorro puede ser precisamente el elevado número de horas de soledad.
Por eso, cuando una familia me contacta para dejarme un cachorro, intento explicar todos estos factores. Y siempre les digo que una de las mejores opciones puede ser que un familiar cercano cuide del cachorro, incluso en su propia casa, para evitar que tenga que cambiar de ambiente. Y si esto no es posible, un ambiente más tranquilo y familiar, con alguien cercano, puede ser una alternativa mucho más adecuada durante estas primeras fases de vida.
¿Y a qué edad puede empezar un perro a quedarse en una guardería?
Aquí tampoco existe una respuesta exacta. Lo que sí tengo claro es que los 3 y 4 primeros meses me parecen totalmente desaconsejados, porque estamos ante una fase de enorme dependencia de la madre y del núcleo familiar. Entre los 5 y los 7-8 meses comienzan a querer explorar y ganar independencia. Y alrededor de los 8-9 meses comienza el despertar sexual y la entrada en la pubertad. No hay una regla fijada. Yo siempre soy de la opinión de que cuanto más tarde, mejor. Y si podemos esperar un mínimo de 12-15 meses, mejor que mejor.
Conclusión: esperar no significa quedarse de brazos cruzados.
Durante todo ese tiempo podemos ir trabajando y desarrollando las diferentes fases del cachorro para que, cuando lleguen determinadas circunstancias y novedades —como puede ser una estancia en una guardería—, puedan resultar más asequibles. No se trata de evitar todos los retos. Se trata de proporcionar experiencias madurativas adecuadas para que el perro pueda afrontar esos retos con un cierto grado de resolución exitosa.
Muchas veces, los objetivos principales con un cachorro pasan por algo tan sencillo —y tan difícil para nosotros— como darle tiempo, estabilidad, descanso, compañía y experiencias adecuadas a su momento vital.
